Se avecina una despedida llena de drama.
Nos quedan tres días pero hoy ya asomaba.
La dicotomía de la lágrima.
Lloro de felicidad porque estás aquí.
Lloro de melancolía porque sé que te voy a echar de menos.
No somos quien creíamos, pero somos aún mejor.
Y no te quiero como creía, pero te quiero aún mejor.
Has aprendido que me gusta sentir.
He aprendido de tonos de piel, de dioses, de ti.
Nunca olvidaré tu pesadilla, tu sudor o tu sonrisa.
Ni la manera en que me desenfadabas.
Nunca olvidaré cómo dos personas que no se conocen de nada pueden llegar a serlo todo en siete días.
Una semana.
Adiós continente, otra vez.
55%
¿de qué?
Tenemos todo el tiempo del mundo, no te preocupes.
Tú tampoco, Laura.
Tan puro que hasta asusta.
Y entonces el imam llamaba a rezar.
Y era todo tan idílico en mi vida.
Como si nada hubiera estado deseando más que eso.
Así ha sido.
Mesh.
Tu vida. La suya.
Magdi. Ali.
Envidia de la sana.
Ansias de pureza, de calor, de haches aspiradas y de guturales varias. Si esto era un último empujón, gracias.
A ti y a tu dios.
Me ha hecho darme cuenta de cuánto aborrezco mi entorno.
Maletas, nos estamos yendo.
Yallah!
Aunque no sin antes advertir lo mucho que te voy a echar en falta. Los Emiratos te esperan, ¿no?
Bendita mirada incapaz de mentir.
Tú también me vas a echar de menos.
Lo sé desde ese beso en la frente.
Puede que no te guste, pero es inevitable porque todo el mundo lo necesita.
Aprenderías rápido.
Tu dios y mi azar proveerán.
Pidamos que sean generosos y así serán.
Inshallah.
Puro y duro amor.