Con la cara chupada y las ojeras del yonki, aún bajo los efectos de vete-a-saber-qué, se ha atrevido a pedirme que no le deje. Lo ha hecho mirándome a los ojos y añadiendo un "por favor".
Ante eso, uno no puede más que preguntarse de dónde sacar las fuerzas.
Apadrina a un drogadicto y sabrás lo poderosas que son sin necesidad de probarlas. Logran destruirlo todo. Logran destruirme viendo lo que le hacen.
Hoy más que nunca, yo digo NO a las drogas.

