jueves, 31 de enero de 2013

Reptifibio.


Aquello que fue importante, 
por los siglos de los siglos, 
lo seguirá siendo. 

Eso es indiscutible. 

miércoles, 23 de enero de 2013

Papel y boli.



Sobredosis de café.
Y un poquito de nervios.

"Yo soy el que es", le dijo a Moisés.


Empecé a fijarme en las miradas que me rodeaban. 
Por un momento sentí un impacto.
A un metro escaso estaba su mirada.
ESA mirada.
La de Alex, digo. 

Esa mirada interesante que siempre parece tener el ceño fruncido. 
En realidad lo tiene, pero no da sensación de enfado, sino más bien de interés. 
La ceja levantada y la mirada entrecerrada: la fórmula perfecta de la persuasión. 
Ni siquiera creo que levante la ceja aposta, pero le da un aire realmente místico.
Sencillamente es una combinación perfecta, suficiente para fascinarme por recordarme a quien me recuerda, pero sin tanto espesor de ceja.

La misma sonrisa.

Luego está ese otro señor. 
Mirada nada interesante, pero igual de entrañable. 
Parece que vaya siempre por ahí con esa cara de sorpresa.
Me pregunto qué se notará en él cuando se sorprenda de verdad.
Tiene cara de simpático. Guiña un ojo. 
Me cae bien porque tiene barba y suele darme confianza la gente que tiene una mirada entrañable y una barba descuidada.
Tiene que ser descuidada porque si no me hace desconfiar. 
Es una seña de humanidad, simplemente. 

Y luego está ese otro chico. 
Se ha sentado de espaldas y a duras penas he alcanzado a verle, pero sin duda alguna es el protagonista de La conjura de los necios. Si supiera que se parece tanto al Ignatius Reilly que J.K. Toole creó, probablemente otro gallo cantaría. 
O tal vez no. 
Puede que le guste de verdad ese gorro. 

lunes, 21 de enero de 2013

Crecer.


Ella habrá podido aprender mucho de mí. 
Bueno, eso dice;
que ha aprendido mucho conmigo, que ha crecido. 

Yo le he enseñado muchas cosas, es verdad.
Sobretodo a cocinar.
Le he enseñado a cocinar. No sé si a algo más.

Pero no es la única que se ha hecho mayor.
Que no se confunda con eso. 
También me ha enseñado a aprender cosas.
Yo he aprendido cosas de mí.
Y eso no hay cocina que lo pague.

Con ella he aprendido algo de mí todos los días.
Sigo haciéndolo.
Y no me cabe la menor duda de que algo en mí seguirá creciendo cuando piense en esto mismo que estoy escribiendo. 
Crecer no tiene precio, y ya sólo con eso he contraído una deuda de por vida.

Pensaré cómo pagarla.
O me declararé insolvente y seguiré aprovechándome de lo mucho que me enseñó. 

A ser cristalina y clara como el agua, 
me enseñó ella. 
Ella y nadie más. 




sábado, 19 de enero de 2013

Feminismo.


Era una mujer que no se depilaba los sobacos.
Era muy inconformista. 

viernes, 18 de enero de 2013

Narcisismo



Me parece insultante que uno no se quite los auriculares cuando se encuentra un músico de calle.
Es realmente triste. 

jueves, 3 de enero de 2013

Mentes dementes.


No sé si, por lo general, la gente me gusta o me disgusta.
Suelo ser simpática y todo eso, pero a veces todo el mundo me parece loco. 

Aún así, he de reconocer que odio tener que cogerme en el metro.
Esas barras de metal... ¡Puaj!
Odio agarrarme a ellas, porque casi noto el sudor de la última persona que se agarró.
En ese sentido la gente me disgusta. 
Casi siento asco.

Pese a todo, cuando viajo de un lado a otro lo hago con la sonrisa.
Casi riéndome.
La gente debe pensar que estoy loca. 


miércoles, 2 de enero de 2013

Empezando con buen pie.


Sentados ante una taza de café, el profesor José María Ordovás -seguramente uno de los investigadores más conocedores de la nueva ciencia de la "nutriepigenética"- me introduce en su campo de estudio contándome una especie de cuento: la historia de dos ratones, a los que llama Mit y Mot. 

"Nacidos en la misma camada, pero adoptados por diferentes madres desde el momento de nacer, Mit fue acogido con cariño por su madre adoptiva, quien le lamía el pelaje y estaba junto a él mucho tiempo. Por el contrario, Mot creció sin mimos ni lametones e incluso con desdén por parte de su madre. Cuando alcanzaron la madurez, los dos ratones mostraron una "personalidad" diferente. Mot se asustaba ante cualquier ruido, no se atrevía a explorar sitios nuevos, liberaba grandes cantidades de hormonas del estrés
ante sospecha de amenaza. Por otra parte, Mit no se sobresaltaba fácilmente, era más curioso y atrevido, y sus hormonas no se disparaban inapropiadamente. Esa historia no es única", añade deteniéndose un momento, como enfatizando el efecto de su frase.

"Se ha repetido decenas de veces en laboratorios de todo el mundo. La conclusión: que las experiencias que viven los ratones en la primera etapa de su vida modulan de algún modo la expresión de los genes que influyen en su comportamiento". 


Empezamos el 2013 y lo hacemos como siempre, con buen pie.
Esos  pequeños roedores no dejarán de ser un referente para mí, jamás.

Y mientras tanto... Tentando a la suerte que nos da de comer.