
Acabo pensando en los ríos.
Y en el hecho de que un río, teniendo que llegar al mar, invierta tanto tiempo, o sea, elija, deliberadamente, hacer un montón de curvas, en lugar de dirigirse directamente a su meta.
Tienes que admitir que es algo absurdo.
Hay algo absurdo en todas esas curvas.
La realidad es que cualquier río, no importa dónde esté ni cual sea su longitud, todos los ríos, todos y cada uno de los ríos, antes de llegar al mar hacen exactamente un recorrido tres veces más largo que el que harían si fueran en línea recta.
Asombroso. Piénsalo.
Tres veces lo que seria necesario.
Y todo a base de curvas.
Y no ese río o ese otro, sino todos los ríos, como si fuera algo obligado.
No están locos.
Es su propia naturaleza de ríos la que los obliga a ese vagabundeo continuo.
Al final navegan por un camino tres veces más largo de lo necesario, es más, para ser exactos, tres coma catorce veces, el famoso pi griego. Al parecer tienes que coger su distancia respecto al mar y multiplicarla por el pi griego para obtener la distancia que efectivamente recorren.
Es algo curioso porque si hay una regla para ellos, ¿cómo no la va a haber para nosotros?
Lo mínimo que puede esperarse es que para nosotros sea más o menos lo mismo, y que todo este deambular arriba y abajo, como si estuviéramos locos, o peor aún, perdidos, es nuestra manera de ir directos, un modo científicamente exacto y, por decirlo de alguna manera, ya prefijado, a pesar de que sea indudablemente parecido a una secuencia desordenada de errores, o replanteamientos, pero sólo en apariencia porque en realidad es simplemente nuestra manera de ir a donde tenemos que ir, la manera que es específicamente nuestra, nuestra naturaleza, por decirlo de algún modo.
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CITY
Grata Compañía
=)