
Las ratas heredarán la tierra.
Y mucho más que eso.
Han pasado a penas tres días desde que su hogar se quedó más vacío.
Sólo quedaba ella, y creo que lo hizo por solidaridad.
Debió inmolarse por pena.
Pena por nosotras, por sus hermanas, por ver su casa tan vacía...
Pero no debía de sentir pena por ella misma, porque siguió feliz hasta el último momento.
Hasta el último aliento estuvo buscando nuestra caricia.
Casi parecía que entendía lo que le pasaba...
Y creo en profundo que así era...
Se terminó porque necesitaba estar con sus hermanas.
Necesitaba que nadie sufriera, porque esa era su naturaleza.
Hacía feliz a todo el mundo.
Nos hacía felices.
Me hacía feliz.
Y siempre recordaremos cómo se tiraba del armario, cómo odiaba el agua, cómo le gustaba almacenar comida, cómo le gustaba estar con la gente, cómo le gustaba cuidar de sus hermanas, cómo le gustaba esconderse en sitios impensables, cómo le gustaba hacer que desmontáramos la cocina, cómo le gustaba que riéramos con ella, cómo le gustaba meterse en la papelera a escasas horas de su final... Y es que le gustaba luchar por todo.
Claudio no ha sido una simple mascota.
Ha sido hija, hermana, madre y amiga.
Y aunque no se le diera muy bien lo de ser madre...
Yo la quiero.
Y ella también.
Heredarán la tierra y descansarán en el cielo.