No sería lo mismo sin ellas.
Curaciones anacrónicas para la sonrisa.
¡Y menuda una la de hoy!
Cinco años cumple ya nuestro momento de inflexión.
Y sigue siendo nítido.
No en presente, pero sí en pasado.
Del antes al después y de sueño en sueño.
De la conciencia a la tinta en la piel.
A veces suena el despertador. Pero no siempre. A veces me quedo en la cama por las mañanas porque mi despertador no suena. Otras veces sí suena pero me quedo en la cama igual.
A veces pasa el autobús por delante de mi parada. No siempre llego a tiempo para cogerlo, pero tampoco pasa siempre. A veces pasa y no lo cojo. A veces hay demasiada gente dentro y, otras veces, no hay nadie pero igualmente no quiero cogerlo. Muchos días pasa tarde. Y entonces lo cojo, o no, según las ganas que tenga.
Cuando tengo sed, bebo. Cuando tengo hambre, como. Cuando quiero reír, río. Cuando quiero saltar, salto. Cuando quiero llorar, lloro. Sin embargo no siempre se puede beber, comer, reír, saltar o llorar. A veces lo hago de todas formas aunque no se pueda porque me apetece. Otras veces puede apetecerme aguantarme.
A veces sueño. Bueno, en relidad siempre sueño. Muchas veces sueño con un lugar mejor que éste, pero no es un lugar imaginario. Es un lugar real. A veces quiero salir a buscarlo. Muchas veces salgo. Pero muchas otras veces no me apetece salir porque prefiero seguir soñando con ese sitio. Alomejor cuando lo encuentre dejaré de soñar. No quiero dejar de soñar. No quiero encontrarlo. Aunque a veces salga a buscarlo.
Prefiero seguir al son de mi compás.
Hemos dejado de ser comodines mutuos.
Pero eso está bien, ¿no?
No hemos dejado de ser ese lugar.
Aunque sólo sea en pasado.
Sigue siendo uno de mis lugares favoritos.
Sigues siendo de esos.