
¿Qué harías si cada mañana te hicieran un cuantioso ingreso?
Pero no un ingreso cualquiera, no.
Eso no.
Un ingreso inestimable, de incalculable valor.
Un ingreso del que poder disponer como convenga.
Un ingreso de ensueño, deseado por todxs.
Un ingreso ideal.
Pero...
Siempre hay un pero.
Sería un ingreso que tendrías que gastar de forma casi obligatoria.
Porque sino...
Si no lo gastaras...
Desaparecería todo lo que te hubiera sobrado al final del día.
Sería imposible recuperarlo.
Hasta que amaneciera el día siguiente.
Y volviera a estar ahí.
¿Qué harías si cada mañana te hicieran un ingreso de este tipo?
Probablemente retiraríamos lo que nos quedara al final del día para evitar perderlo.
Probablemente.
Pero ¿qué pasaría si no pudiésemos retirarlo?
Si ese ingreso no fuera metálico...
Si ese ingreso fuera tiempo...
Meses, días, horas, minutos, segundos.
Porque ese ingreso es tiempo.
De tan incalculable valor...
Irrecuperable.
Día a día...
Sacándole el máximo partido.
No dejando escapar ni una décima de segundo.
Porque pueden preguntarle a un estudiante que repitió el valor de un año.
O pueden preguntarle a una madre que dio a luz un bebé prematuro el valor de un mes.
O a un país en guerra el valor de un día.
O a los amantes que esperan para verse el valor de una hora.
O al viajero que perdió el tren el valor de un minuto.
O al que se salvó de un accidente el valor de un segundo.
O al que se colgó la medalla de oro al cuello el valor de una centésima de segundo.
Porque el tiempo no se arrastra de un día para otro.
Porque todo tiempo contigo es poco.
Y porque no sé respirar más despacio si estás conmigo.
Minuto a minuto...
Segundo a segundo...
Caricia a caricia.
Beso a beso.
Que al final todo llega cuando tiene que llegar.
Vida.
Tiempo.
Intenso.
Tú.