Escribir.
Yo lo que quiero es escribir,
nada más.
No es cuestión de hacerlo en una libreta o en otra,
pero sí de encontrar ese término medio para que el azar dé con la precisión y la exactitud.
Es imposible adivinarlo.
No sé muy bien a qué procesos responden mis impulsos ahora mismo, pero son o me hacen sentir como una esponja.
El agua se absorbe incluso cuando se premedita evitarlo.
Es una cuestión de pura naturaleza;
no intentes contradecirla porque perderás.
Perderás hasta que.
Y entonces aparece la incertidumbre.
El no saber de quién depender,
si del azar o de la ambición,
si del capricho o del plan,
si del entorno o del propio ego.
Y así, poco a poco, se construyen realidades múltiples que, en busca de la propia identidad, alejan o acercan a una a ese místico lugar en que algún día, y sólo tal vez algún día, se perfilará la gracia del vivir.
Mientras tanto,
no somos más que meros observadores permanentes con los sentidos a flor de piel.
Si el cosquilleo mata,
la impaciencia remata y resucita.
Todo al mismo tiempo, querido librano.
Todo al mismo tiempo.
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