A veces me velaría.
Tanto como ellas.
E incluso más.
Huyendo del pudor y la vergüenza.
Huyendo de las apariencias anímicas.
Escondiendo expresiones y lamentando delirios.
Pero no.
No es eso.
No se trata de esconderse sino de normalizar.
Las emociones deberían inundar el mundo.
Deberían regirlo y marcar su compás.
Maldito el momento en que empezaron a demonizarse.
Esto es bueno y esto es malo.
¿Quién cojones lo manda?
Baja de moral y alta de orgullo.
Ni corta ni perezosa,
me toca ser una pieza más.
Meter el dedo en la llaga.
Toca acabar de romper con la familia.
Toca resquebrajarla y acabar de desgajarla.
Toca echar por tierra el poco orgullo que le deba quedar.
Si uno sólo se levanta cuando toca fondo,
mucho me temo que ha llegado mi turno.
Bueno, no. El mío no. El de mi otro yo.
Mi "yo" del mal.
Y el que esté libre de pecado,
que tire la primera piedra.
Pero, por favor,
al mundo entero le ruego que me tenga alguien preparado para cuando me toque desfallecer.
No todos los días uno tiene que hundir a su propia madre.
No es algo que pueda sobrellevarse sin más.
Necesito una buenas dosis de soma.
Soma de la de Huxley.
Pa' seguir tirando con la sonrisa.
Sólo tienes que abrir el buzón...
ResponderEliminarPara saber quien está cuando estás a punto de desfallecer. Para intentar sacarte la sonrisa, aunque sin verla, por no molestar.
A alguien le prometí que te cuidaría. Aunque sea de lejos.
No sé de qué molestias hablas.
ResponderEliminarEres un acierto. Lo mire por donde lo mire.
Eres un acierto incluso en los errores.
Eres admiración constante.
Eres respeto y eres verdad.
Cariño y sonrisa.
Anhelo y recuerdo.
La que siempre está.
Lo sigues siendo.
Y aunque haya dejado de amarte,
es imposible dejar de quererte.
Horror vacui.
Bate las alas y cambia,
porque al final,
en definitiva,
no somos más que pájaras y ratonas.
GRACIAS.