De pies y manos.
Es lo que quiero.
Pues sí.
Lo supe siempre.
No hay nadie que aguante la libertad ajena;
a nadie le gusta vivir con una persona libre.
Si eres libre,
ese es el precio que tienes que pagar:
la soledad.
Menudo acierto, ¿no?
A día de hoy lo sigo celebrando.
Pero lo celebro sin olvidar.
Y con muchas expectativas de futuro.
Me dejo seguir.
Me dejo llevar.
Me dejo guiar.
¡Que todo está en el fluir del tiempo y yo quiero que fluya a ritmo de pandereta!
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