No sé si, por lo general, la gente me gusta o me disgusta.
Suelo ser simpática y todo eso, pero a veces todo el mundo me parece loco.
Aún así, he de reconocer que odio tener que cogerme en el metro.
Esas barras de metal... ¡Puaj!
Odio agarrarme a ellas, porque casi noto el sudor de la última persona que se agarró.
En ese sentido la gente me disgusta.
Casi siento asco.
Pese a todo, cuando viajo de un lado a otro lo hago con la sonrisa.
Casi riéndome.
La gente debe pensar que estoy loca.
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