Buenas personas, decía usted, sí, tan buenas como las que se dejaron matar en la guerra, ¿verdad?
Le impresiona la idea de todo lo que ya ha ocurrido en esta plaza y de lo que todavía está por ocurrir.
Allí donde en ese momento no desaparecen en la penumbra más que dos o tres parejas, a ella le parece ver una multitud.
Con esa idea que tiene de quitarle siempre los ojos a las muñecas para ver lo que hay detrás de esos ojos.
No estoy contento conmigo mismo.
Vuelve a hablarme de ese hombre que ella llama "Gran Amigo", y me dice que a él le debe ser quien es.
El tiempo es un guasón.
El tiempo es un guasón porque es preciso que cada cosa ocurra en su momento.
Tengo en gran estima a esos hombres que se quedan encerrados de noche en un museo para poder contemplar a su gusto, a horas prohibidas, un retrato de mujer que iluminan con ayuda de una linterna. Después de hacerlo, ¿cómo no van a saber acerca de esa mujer mucho más de lo que nosotros sabemos?
El rosa es mejor que el negro, pero ambos se armonizan.
Responden a esa afición de buscar en los rameados de un tejido, en los nudos de las maderas, en las grietas de los viejos muros, siluetas que resultan bastante fáciles de ver.
Pero, en mi opinión, todos los internamientos son arbitrarios. Continúo sin comprender por qué podría privarse de libertad a un ser humano.
Todo esto no es más irracional, cuando menos, que preguntarle a un santo o a cualquier divinidad lo que uno debe hacer.
La belleza, ni dinámica ni estática. El corazón humano, hermoso como un sismógrafo.
La belleza será CONVULSIVA o no será.
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