Jamás creí posible identificarme con ellos.
Libido de -10.
Momento de debilidad
Me apetecen besos, mimos, caricias, abrazos.
Eso sí. Eso sí me apetece.
Me siento mal.
Aunque me pase el día sonriendo, pero sé que cuando me quedo sola
me siento mal.
Por eso me apetecen caricias.
De él o de ella, no lo sé.
Por el momento son todas bienvenidas porque no estoy en un momento de reafirmación personal.
Es momento de debilidad.
Y cuando la persona es débil se dice adiós a la voluntad.
Tengo claro con quién quiero estar,
pero sé que no ha llegado el momento de ser capaz de decir que no.
Por ser tan frágil.
Y sólo me apetece eso.
Cariño.
No me apetece el cuerpo, ni de una ni de otro.
No me apetece mezclarme con nadie.
Pero no dejo de hacerlo por esa misma debilidad.
El cuerpo es cuerpo y yo no estoy por la labor de hacerle caso a mi voluntad.
Viviría más tranquila si alguien me asegurara poder dormir,
sin más,
con una o con otro.
Pero ambos me ofrecen su cuerpo y yo no sé decir que no, por ahora.
No me reconozco, no me encuentro, o no sé.
El nulo apetito se mezcla con aquello de
"Más vale arrepentirse de hacer que de no hacer".
Pues sí.
Un constante arrepentimiento es lo que siento.
Bueno, arrepentimiento no.
Ésa no es la palabra.
Tal vez la palabra sea
autocompasión,
rabia,
pena,
asco,
o no sé.
Pero no es arrepentimiento.
Y eso es lo que llevo peor.
El no saber qué estoy perdiendo,
(o peor aún, el saberlo)
por vivir en un momento de completa falta de voluntad.
Lo dicho.
Autocompasión.
Vacío.

Autocompasión, rabia, pena, asco, decepción, frustración...
ResponderEliminarVacío.
Será que aunque cada día te sienta más lejos, estamos más cerca de lo que pensaba. Al menos sentimos parecido.
Y también sé que lo que hago o lo que ofrezco lo hago más por una inercia, incluso por una necesidad de conexión... fallida. En un principio, no quiero hacerlo pero al final...
Al final... solo somos humanos. Inútiles y despreciables.
Incomprensibles para nosotros mismos.