Siempre tenía la última palabra.
Y ni siquiera hablaba.
Pero a cada cosa que decías...
Te respondía con ese vaivén de cejas.
Con el meneito de esa cola con cuatro pelos mal cosidos.
Con un gruñido, a veces.
Sólo me lamento de no habernos conocido antes.
Y mira que al principio no acaba de convencerme.
Pero pedía piedras. Y se esperaba en la puerta cuando estaba mojado.
Le gustaba ir en medio.
Yo también le echaré de menos.
Conquistaba con esa mirada. Era un Don Juan.
ResponderEliminarEra gracioso, dentro de lo maleducado que era.
Y te quería. Te quería hasta los celos.