jueves, 7 de marzo de 2013

Soñando.



"Había una vez un hombre que tenía un criado bastante tonto. El hombre no era tan mezquino como para despedirlo, ni tan generoso como para mantenerlo sin que hiciera nada (¡que es lo mejor que se puede hacer con un tonto!). El caso es que el hombre trataba de darle tareas sencillas para que el tonto «sirviera para algo». Un día lo llamó y le dijo: «Ve hasta el almacén y compra una medida de harina y una de azúcar. La harina es para hacer pan y el azúcar para hacer dulce, así que procura que no se mezclen. ¿Me has escuchado? ¡Que no se mezclen!

El criado hizo esfuerzos por recordar la orden: una medida de harina, una medida de azúcar, y que no se mezclen... ¡Que no se mezclen! Cogió una bandeja y fue al almacén.

Camino del almacén repetía para sus adentros: «Una medida de harina y una medida de azúcar, ¡pero que no se mezclen!»

Llegó al almacén.

-Deme una medida de harina, señor.

El almacenero metió el jarro de la medida en la harina y lo sacó colmado. El criado acercó la bandeja y el almacenero vació el jarro encima.

-Y una medida de azúcar –dijo el comprador.

De nuevo, el almacenero tomó una medida, la introdujo en el gran cajón y la sacó, esta vez llena de azúcar.

-¡Que no se mezclen! –dijo el criado.

-Y, entonces, ¿dónde pongo el azúcar? –preguntó el almacenero.

El otro pensó un rato y, mientras pensaba (cosa que buen trabajo le costaba), pasó la mano por debajo de la bandeja y ¡se dio cuenta de que estaba vacío! Así que, en una rápida decisión, dijo: «Aquí». Y le dio la vuelta a la bandeja derramando, por supuesto, la harina.

El criado dio media vuelta y regresó contento a la casa: una medida de harina, una de azúcar y que no se mezclen.

Cuando llegó el señor de la casa y lo vio entrar con la bandeja de azúcar le preguntó: «¿Y la harina?»

-¡Que no se mezclen! –contestó el criado-. ¡Está aquí! –Y, en un rápido movimiento, dio la vuelta a la bandeja... derramando también el azúcar."

Jorge Bucay

 


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